Lo ocurrido este domingo en el Alfonso Lastras no fue solo una derrota, fue un monumento a la desconcentración. El Atlético de San Luis tropezó en su debut del Clausura 2026 al caer 1-2 ante los Tigres, en un partido que tenían empatado al minuto 77 y que tiraron a la basura antes de que terminaran de festejar.
Un equipo que entra dormido
La falta de intensidad potosina quedó sellada desde el inicio del complemento. Apenas al minuto 49, la zaga local permitió que Marcelo Flores abriera el marcador, castigando la pasividad de una defensa que pareció quedarse en el vestidor tras el descanso. Durante media hora, el Atleti vagó por la cancha sin ideas, encomendándose más al ímpetu que al fútbol.
La ilusión de Joao Pedro y el ridículo defensivo
La justicia llegó tarde, o eso creíamos. Al minuto 77, Joao Pedro desató la euforia en las gradas con el gol del empate. Parecía que el San Luis rescataba un punto de oro tras un partido gris, pero la alegría fue patética por lo breve.
Sin rastro de oficio defensivo y con una inmadurez táctica alarmante, el equipo potosino permitió que, solo dos minutos después (minuto 79), Marcelo Flores apareciera nuevamente solo para firmar su doblete y el 1-2 definitivo.

Crítica: Sin jerarquía no hay paraíso
Es inadmisible que un equipo profesional reciba un gol inmediatamente después de haber empatado el encuentro. La derrota es responsabilidad directa de una estructura que no sabe manejar las emociones:
- Falta de liderazgo: Nadie puso orden tras el gol de Joao Pedro.
- Fragilidad mental: El equipo se sintió satisfecho con el empate y bajó la guardia ante un rival que no perdona.
El Atlético de San Luis demostró que, aunque tiene capacidad de reacción, carece totalmente de instinto de supervivencia. Si van a regalar los partidos apenas dos minutos después de empatarlos, el Clausura 2026 será una tortura para su afición.