Lo que ocurrió anoche en el Alfonso Lastras no fue solo una derrota; fue un recordatorio de que en el fútbol mexicano, el que perdona y se conforma, termina pagando la cuenta. El Atlético de San Luis saltó a la cancha con la etiqueta de favorito, pero terminó arrastrando los pies en un partido que, por grandes lapsos, pareció una invitación al sueño para la tribuna.
Una propuesta estéril y falta de colmillo

El arranque fue engañoso. Los primeros minutos mostraron a un San Luis con deseos de proponer, buscando las bandas y tratando de imponer condiciones. Sin embargo, esa intensidad se evaporó más rápido que la lluvia en el asfalto. El equipo potosino cayó en un juego de pases laterales sin profundidad, una posesión de balón estéril que jamás inquietó seriamente al guardameta poblano.
La crítica principal recae en la falta de variantes. Cuando el Puebla cerró las vías de acceso, el Atleti no tuvo un “Plan B”. Se vio un equipo predecible, carente de ese último pase filtrado que rompe líneas. Las imprecisiones fueron la constante: centros al área que terminaban en manos del portero o servicios que volaban por encima de los delanteros. Fue un festival de errores no forzados que desesperó a una afición que esperaba ver a su equipo dar un golpe de autoridad para asegurar puestos de Liguilla.
El pecado de la complacencia
El pecado capital del Atlético de San Luis fue dar por sentado el empate a cero. Durante el segundo tiempo, la intensidad bajó a niveles alarmantes. Parecía que ambos equipos habían firmado un pacto de no agresión, pero en el fútbol profesional, el exceso de confianza se castiga con sangre.
Mientras el reloj avanzaba, la zaga potosina se fue relajando. Esa falta de concentración en los minutos finales es lo que separa a los equipos protagonistas de los que simplemente “están de paso” en el torneo. No se puede permitir que un delantero rival, por más ímpetu que traiga, remate con tal libertad en el tiempo de compensación.
El verdugo inesperado: Esteban Lozano
Cuando el partido bostezaba su final, apareció la figura de Esteban Lozano. El ex-América, que venía precedido de un ruido mediático por su paso europeo en ligas de ascenso y su retorno a México a una edad donde muchos ya lo daban por “visto”, dio una lección de oportunismo.

Lozano, quien ingresó al 67′, solo necesitó una grieta en el muro defensivo del San Luis para capitalizar el único error grave de la noche potosina. Su gol al minuto 90+ no fue una obra de arte, fue el resultado de estar en el lugar correcto cuando el rival ya tenía la mente en el vestidor. Para Lozano es una redención personal; para el San Luis, una bofetada de realidad.
¿A qué aspira este Atlético de San Luis?
Con este resultado, las dudas se siembran en territorio potosino. Dejar ir tres puntos en casa contra un rival que, en el papel, era accesible, es un lujo que un equipo con aspiraciones de liguilla no se puede dar.
- Puebla se lleva un tanque de oxígeno puro que los mete de lleno en la pelea.
- San Luis se queda mirando la tabla con el remordimiento de saber que regalaron un partido por falta de ambición y concentración.